(Entrada dedicada a Torra y a Gaedis, que están hechos unos poetas los dos)
Uno de mis objetivos para el verano pasado fue repasar francés, el cual estudié 5 años entre el colegio y el instituto. Es un idioma con un sonido muy bonito y una gramática muy sencilla para un español, así que no quiero olvidarlo. El caso es que no hice nada en verano (me dediqué a empezar con el alemán), así que me propongo hacerlo ahora, y, como la música es una de mis aficiones, pensé que una buena forma es encontrar un grupo o solista que me guste, y empezar a oir música en francés. Por unas cosas o por otras, acabé tropezando con el nombre de Jacques Brel, pero sin haber oído nada. Pues mira tú (perdón, mire usted) que me puse a buscar y he dado hace media hora con esta canción preciosísima, que me ha puesto los pelos de punta, y que no me resisto a poner aquí e (intentar) traducir. Espero que os guste:
Jacques Brel – Ne me quitte pas
Letra en español:
¡No me dejes!
Hace falta olvidar.
Se puede olvidar
todo lo que ya se fue:
olvidar el tiempo
de los malentendidos
y el tiempo perdido.
¡A saber cómo!
Olvidar esas horas
que matan a veces
a golpes de porqués
el corazón de la felicidad.
¡No me dejes!
¡No me dejes!
¡No me dejes!
¡No me dejes!
Yo te ofreceré
perlas de lluvia
venidas de países
en los que no llueve.
Cavaré la tierra
hasta después de mi muerte
para cubrir tu cuerpo
de oro y de luz.
Crearé un país
donde el amor será rey,
donde el amor será ley,
donde tú serás reina.
¡No me dejes!
¡No me dejes!
¡No me dejes!
¡No me dejes!
¡No me dejes!
Yo inventaré para ti
palabras absurdas
que tu comprenderás.
Yo te hablaré
de aquellos amantes
que han visto dos veces
sus corazones arder.
Yo te contaré
la historia de ese rey
muerto por no haber
podido encontrarte.
¡No me dejes!
¡No me dejes!
¡No me dejes!
¡No me dejes!
Se ha visto con frecuencia
desbordarse el fuego
de el anciano volcán,
que se creía demasiado viejo.
Parece ser
que las tierras quemadas
dan más trigo
que el mejor abril.
Y cuando llega la tarde
para que el cielo se inflame
el rojo y el negro
no deben abrazarse.
¡No me dejes!
¡No me dejes!
¡No me dejes!
¡No me dejes!
¡No me dejes!
No voy a llorar más,
no voy a hablar más.
Me esconderé ahí
para mirarte
bailar y sonreir,
y para escucharte
cantar y después reir.
Déjame convertirme
en la sombra de su sombra,
en la sombra de tu mano,
en la sombra de tu perro.
¡No me dejes!
¡No me dejes!
¡No me dejes!
¡No me dejes!